Cajas de libros

Uno tiene que elegir sus libros basándose siempre en su tamaño y dureza, nunca en su contenido. Anticiparse a la enésima mudanza, al penúltimo país, y formar mentalmente un puzle de ejemplares en cajas.

Uno no puede abandonarse a la tapa blanda o confiarse acumulando libros ilustrados gigantes imposibles de transportar. Uno tiene que aceptar cada libro regalado disimulando esa ceja que sube sola, mientras uno calcula si cabrá en la caja entre Cheever y Hempel, entre Sontag y Onetti.

Uno tiene que mirar a sus amigos, nunca a los ojos, sino a los tríceps y los deltoides. Estimar si podrán ayudar a uno a cargar las cajas. Medirlos, no por su lealtad o apoyo, sino por su envergadura y capacidad de carga. Uno tiene que mirar a sus amigos como mulas de carga, pero también como vigilantes de seguridad, dispuestos a custodiar la mercancía y ceder una habitación, un desván, un sótano o un altillo.

Uno tiene que enamorarse sí, pero de alguien que pasee por la librería, no leyendo contracubiertas, sino escuadra y cartabón en mano. Trazando planes de fuga, anticipando desastres.
Uno tiene que acumular libros hasta el absurdo. Hasta que se conviertan en un problema, en el principal problema, en una pesada ancla que arrastrar constantemente.

Y en el momento de marcharse, uno debe sentarse en el suelo, rodeado de columnas de libros. Redescubrirlos no sólo a ellos, también a las fotos, notas, tarjetas que esconden. Revolverse por dentro, al fin y al cabo. Enfadarse con algunos, reconciliarse con otros. Porque el ancla que uno arrastra puede ser un día lo único que impida que a uno se lo lleve la corriente. 

La crisis económica mundial explicada por un ciervo

No se acabó el agua

no se marchitaron las flores

no se volvieron yermas explanadas
las praderas
no erupcionaron los volcanes

no cayó estaño del cielo

no se extinguieron los ciervos.

Un tipo

en un lugar llamado Wall Street

un tipo de ellos

lejos de aquí

se debió equivocar con los números.

Ellos tienen números de papel y cobre que coleccionan frenéticamente.

Muchos perdieron sus números
y se quedaron sin nada.

No les interesa el agua

la comida

o la luz.

Ellos necesitan cosas

cosas de plástico

que es como la madera de los árboles
 pero de colores y formas ilógicas.

Ángulos rectos en los que capturan imágenes
del agua

la comida

y la luz.

Supongo que la deben llamar
la crisis del plástico

pero no estoy seguro. 

Dos gigantes

Nos dice el taxista que los 16.000 habitantes de Punta del Este se convertirán en 600.000 en un mes. Argentinos, uruguayos y brasileños que vienen a pasar la Navidad en bañador. 

El mayor monumento de la ciudad es una mano gigante que emerge de la arena y provoca división de opiniones entre los locales: hay quien ve una fuerza irrefrenable que se dispara desde un posible centro de la Tierra y hay quien intuye los últimos estertores de un gigante que se ahoga. 

En ambos casos de trata de una grandeza que transita. Desde un centro que parece núcleo de creación o desde el mar que todo lo puede, que todo lo ahoga. Pareciera que a los dos gigantes les espera un futuro más áspero que su presente. 

Hay algo bonito y triste en los pueblos de playa vacíos. Contenedores de turistas que esperan silenciosos a la muchedumbre, mientras algún operario arregla un suelo de parqué a martillazos o pinta una columna. Es un silencio distinto al de los lugares que nacen y mueren pequeños y quietos. Aquí el mar desafina, como intentando rugir por encima de otro mar que no existe. 

Frente a la playa, una isla. Un montículo verde desafiando al océano en el que adivino un faro y sospecho un restaurante. Ya pronto llegarán unos, ya pronto les servirán los otros. Nosotros nos marchamos mañana y nos perdemos la danza. Pero nos llevamos un trocito de este silencio extraño. 

Perder el trabajo en el planeta Tierra



El planeta Tierra es una esfera, un disco o una línea en función de tu estructura molecular y la velocidad a la que te desplaces.

El planeta Tierra es una extensión plana que otorga a sus habitantes una falsa sensación de retorno al origen cuando se desplazan por su terreno. 

El planeta Tierra es un cuerpo esferoide oblato, definido y moldeado en parte por la superficie equipotencial de su propio campo gravitatorio. 

El planeta Tierra nos ha conformado a ti y a mí de la manera menos romántica posible. Una amalgama de células que trabajan en equipo sin saberse parte de otro mecanismo más complejo que sobrevive por encima de ellas. Gracias a ellas. Mecanismos vivos que luchan contra el tiempo sin saber demasiado bien porqué, en una carrera comenzada por los ancestros de sus ancestros cuando nada tenía nombre. 

El planeta Tierra nos da cobijo y nos regala, como a esas células, la posibilidad de participar en esa carrera hacia la nada sin sabernos parte, quizá, de un mecanismo más complejo que sobrevive por encima de nosotros. Gracias a nosotros. 

Aquí tú y yo paseamos por la calle. Enterramos los pies en la arena tibia de la playa. Nos quemamos la lengua con un té demasiado caliente. Compramos una funda de edredón. Alquilamos un coche por internet pero decidimos no ir a buscarlo. Participamos de pequeñas explosiones sin que nada parezca afectar o alterar ese mecanismo extraño y universal que se adivina por encima de nosotros.

Quiero decir que quizá hemos sufrido un proceso de extrañamiento y hemos perdido nuestro trabajo en la gran rueda. Tal vez estaba yo destinado a morir a los diecisiete años, caer al suelo y, con una sonrisa y la mirada perdida, permitir que la Tierra me absorbiera, me utilizara de abono para, decenas de años después, hacer crecer un manzano. A lo mejor, tú ibas a tener cinco hijos e ibas a morir en el parto junto al sexto.  

Pero, decía, hemos perdido nuestro trabajo en la gran rueda. En esta suerte de desempleo interestelar, vivimos en un rinconcito del planeta Tierra, escondidos del demiurgo, desatendiendo sus planes de supremo artesano. 

Por eso quería darle las gracias al planeta Tierra y pedirle perdón: gracias por darnos una existencia de tuercas despistadas en este motor que a todas luces no ayudamos a funcionar. Gracias por juntarnos, por hacer que nos encontráramos, por fabricarnos compatibles a ratos, aunque el plan fuera otro e, insisto, no parece que lo estemos cumpliendo. Por eso último le pido disculpas al planeta Tierra. Intentaremos molestar lo menos posible. Estoy seguro de que se las arreglará sin nosotros.

Sirag Nabih

Sirag Nabih es un tipo callado
distante
le molestan los ruidos estridentes
está incómodo en las conversaciones en grupo
tampoco es que lleve muy bien la soledad
a veces pienso que no está contento con nada.

Conocí a Sirag Nabih diría que en 2009
cerca de la Escuela Industrial
creo que venía de jugar a fútbol
quiero decir
estaba sudado
y la ropa parecía deportiva
creo que venía de jugar a fútbol
sí.

El tipo me propuso ser él mismo
me propuso ser Sirag Nabih
y yo le dije
¿perdona?
me acuerdo bien
él estaba sudado
yo dije
¿perdona?

Entonces me explicó:
hay muchos Sirag Nabih
el pobre tipo no puede con todo
así que externaliza.

Hay uno que va a trabajar
(ese siempre pide cambio de turno
pero yo me hago el loco).

Uno va los sábados a comer
con los padres de Sirag Nabih.

Otro va a cenar con chicas
y les habla de literatura.

Con ese Sirag Nabih quedo a menudo
porque yo soy el que escribe los textos
y claro
tiene que estar al día.

No es un trabajo pagado
pero digo yo que es currículum
y experiencia
estas cosas siempre abren puertas.

Nos reunimos todos
una vez cada dos meses
y nos contamos nuestros progresos
que son pocos
y cada vez menos.

Y es que el primer Sirag Nabih
el que nació
de su madre y de su padre
siendo Sirag Nabih
ese ya no viene a las reuniones
ni da instrucciones o sugerencias.

El Sirag Nabih que queda
con los amigos del primer Sirag Nabih
dijo que el primer Sirag Nabih
dejó de ser Sirag Nabih
no sé si me explico.

Que está en su casa
(que no es la casa de Sirag Nabih
porque ya hay un Sirag Nabih
que se encarga de cuidar esa casa)
sentado en un sofá
haciendo no se sabe bien qué.

Así que nos quedamos sin personaje
al que interpretar
porque el tipo se debió deprimir
o aburrir
o qué sé yo
y nosotros tiramos de archivo
ofreciendo al público
el mismo personaje plano
como reproduciendo cintas de vídeo viejas
hasta que el grano y la erosión
las haga impracticables.

Algunos universos en los que no existo

Mi padre es ametrallado por un soldado israelí
en la guerra de los 6 días

Mi madre es atropellada por un taxi
en la calle Abou Quer

El Gobierno de Canadá
acepta la solicitud de residencia
de mis padres y mis tres hermanas

Mi abuela no consigue convencer a mi madre
de que no aborte

La red de pesca se engancha al tobillo de mi abuelo
en Marsah Matrouh
y muere ahogado en 1939

Mi padre es expulsado del Quwwat El Diffaa El Gawwi
acusado de espía
y sentenciado a muerte

Mi abuelo no muere en 1953
y años más tarde
obliga a mi madre a casarse
con el dueño de una fábrica
de correas de transmisión multipista

Mi tía invita a un café a mi madre
en 1983
y la convence para que se haga
una ligadura de trompas

Gamal Abdel Nasser se atraganta con un dátil en 1951 en Hurghada,
mi padre no va a la guerra y se atraganta con un dátil en 1964 en Alejandría
mi madre no conoce a mi padre y se atraganta con un dátil en 1974 en Alejandría

El alcalde

Yo fui el alcalde
yo estuve en la plaza mayor
saludando a los ancianos
devolviéndole
(impreciso)
el balón a unos niños
yo paseé mi sonrisa
por las calles de esta ciudad
fui el alcalde que trajo la primavera
un marzo incipiente
a punto de florecer


yo fui el alcalde
recibí insultos a la entrada de mi casa
los mismos niños
repetían consignas aprendidas
yo vi los índices de opinión
explicándome el desprecio
paseé por las calles de esta ciudad
nervioso
me gritaron que robé la primavera
que impuse el invierno


yo fui el alcalde
me esperabas en casa con una sonrisa
hacíamos bromas sobre el tema
y si tú eras la primera dama
yo era el primer hombre
y juntos íbamos a comenzar una nueva civilización
de niños patizambos
ávidos lectores
deprimidos crónicos


yo fui el alcalde
y antes de poder explicar la metáfora
se nos acabó la legislatura